miércoles, 18 de enero de 2017

PSICODÉLICO

Si te leyeran a ti
verían tu reflejo en mi cristal,
el ala del ángel de mi pluma,
el diamante y no el destello.

Pero tú te escondes
como buen pájaro libre,
sobrevuelas mi zona
con cautela,
me dejas tu poesía
aquí y allí...

Tímidas
flores silvestres
marean a mi mariposa
quieta sobre tus versos
alucina - p o r  c o l o r e s.

Isabel Pérez.

TU



Tu tormenta eléctrica
le funde el plomo
a todas mis bombillas,
me haces apagón neuronal.
Me eclipsas a pleno día
con ideas nocturnas.
Me ocupas como un selenita,
me lanzas a la hoguera
de palabras
como un chamán,
tu hechizo cae sobre mí
y me sacas la poesía
de algún recóndito lugar
al que sólo llegas tú.

Entonces mi vaso
rebosa de tu fantasía,
y mi llama
no se consume en tu alcohol,
y quiero otro trago, y otro y otro...

Hasta que me siento absurda,
como una adolescente
a la que acaban de besar,
tan gigante y tan pequeña...

Sabes lo que escribes,
yo sé lo que me incitas a probar

Tu poesía es una bomba
de seducción masiva.

Isabel Pérez.

LIBROS

Quiero romper las hojas
del libro en las que apareces
hacerlas un gurruño
y tirarnos a la papelera.

Echarte en el contenedor
de reciclaje y al menos
estos versos valgan,
para no seguir talando
árboles.

Isabel Pérez.

AZAHAR


Qué bonitos han de ser tus ojos
a los pies del naranjo, verdes primero,
siena después.
Cuando temprano albor quiebre
el azul de la noche,
y el silencio se haga pájaro
fragante flor, blanca, azahar,
nitidez.

Qué niebla en su banco
ha de aguardarte en su candor,
el durmiente temblor del despertar.
Enramada tu mano a su cintura,
ya en tus labios lumbre el frío,
copa frondosa en la cumbre,
qué mujer ha de brindar.

Al pie del naranjo
habrá de mirar alto, a la nube,
cariñosa como un día de Sol
y a la altura de tu espalda
ha de perder de vista
el oval de la hoja, el fruto y la flor
al tacto apresto, envés
de tu camisa.

Hallarás las palabras
que no encontraste aquella tarde,
cuatro notas, preludio breve
sobre la piel,
canción.

Isabel Pérez Bacorelle.

DESDE MI TIERRA



Vuelvo a mi burbuja
atmósfera de tristeza
gravedad sin remedio
celeste difuso, el cielo
que miro desde lejos.

Disipada la nebulosa
meteoritos de certezas.

Despiertan sueños,
el suelo estrellado
entre los dedos,
evanescentes formas.

En la Tierra estoy,
no hay influencia en mi mar
todas mis Lunas, menguantes.

       Encuentro la corona de tu Sol
       en el roscón de Reyes

Me voy a que me de la brisa.
Sigo nocturna, como siempre.
Dejo cúmulos de labios
en las estrellas.
Se condensan tus ojos
a la velocidad de mi luz.

Ni aurora
ni Galaxia
ni Vía Láctea
ni hemisferio.

La soledad de Venus.